¿Las amigas pueden dar caña?
Sí. Es más, el abroncamiento de una amiga llega mucho más profundo que el de cualquier otro ser humano que esté presente en nuestras vidas.
Pues bien, hoy he sido abroncada por una amiga, de las más recientes, pero no por ello menos importante. Me ha escrito un mail en el que me pone a caldo porque no escribo todos los días en este blog. Es verdad, Anita, a veces no tengo ganas de escribir porque me parece que nadie lo lee (y, en el fondo, aunque escribir tenga mucho de satisfacción personal, no deja de ahuecarte el ego que te lean...). Pero es cierto, con una persona que me lea es suficiente, así que ésta te la dedico.
El día 31 de diciembre, cuatro personas cercanas (más bien son tres y media, porque una de ellas ya ha allanado bastante el camino) emprenderán una nueva vida. De acuerdo, millones de personas en este mundo, ese mismo día, emprenden nueva vida... o nuevo año. Pero ellas, ese mismo día, embarcarán en un avión para cambiar de ciudad, país y continente...por no hablar de casa, trabajo, escuela, supermercado...
Viajan con ellos algunos kilos de incomprensión (tranquilos, eso no paga exceso de equipaje), otros poquitos de incertidumbre y muchos de emoción. Salen de una ciudad donde la gente vive bien, cómoda, tranquila, con una mente bastante anclada en tener a la familia cerca, el trabajo seguro y la casa propia. Es una ciudad hermosa, luminosa, bulliciosa y tranquila al mismo tiempo, cómoda; donde aún existe el carnicero de toda la vida, o donde José Antonio, el panadero del barrio, conoce perfectamente a todos los novios que has tenido. Y también, como toda ciudad, es imperfecta. Aun así, no es fácil encontrar personas que estén dispuestas a dar el paso definitivo que te saca de todo lo conocido. Que lo piensen, que lo sueñen, que lo envidien, sí, los hay, y muchos. Por eso, cuando alguien dice que se va, que deja la comodidad, la seguridad, "lo de toda la vida", no es difícil escuchar: "Estás loco", "¿Para qué?"..., mezclado con algún "¡qué valiente!".
Cuando vosotros cuatro estéis sentados en el avión, dejadas ya atrás las lágrimas, los reproches, y las cajas (ay, esas noches de insomnio, manos en la cintura, mirando esas decenas de cajas y pensando que cómo es posible almacenar tanto trasto...), será cuando empiece realmente la aventura. Una aventura que saldrá bien y saldrá mal, porque la perfección, además de aburrida, no existe; que os llenará de energía y que os la quitará a ratos; que será fácil y difícil; que os hará reír y llorar. Pero es una aventura, y será toda vuestra. ¡Valientes!
1 comentario
Anónimo -
Gracias, en este tiempo de marejada, has sido para mí como un arbol con un gran tronco en el que apoyarme y tomar aliento en mi carrera. En unos dias empieza el maraton y me alegra saber que estarás ahí.