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El caso Malaya es la versión ilegal y sucia del comportamiento que parece primar en la mayoría de nuestros políticos (no me refiero a estafar, ni a robar, que quede claro): trabajar, no en el bien común y de los ciudadanos (que también son ellos), sino en el propio, individual, o del partido.

Ya que vivimos en una sociedad con mentalidad empresarial, sigamos ese planteamiento. Como yo lo entiendo, un país es una empresa en la que el ciudadano es el empresario que “contrata”, cada cuatro años, a unos trabajadores: los políticos. En unas condiciones salariales que muchos españoles quisiéramos, con un contrato que rebasa en mucho los basura, con unas viviendas que sobrepasan (en poco) los 30 metros, y muy alejados de la condición de mileurista, nuestros representantes deciden, eligen y hacen lo que consideran apropiado. Hasta aquí, de acuerdo; no podemos estar todos los españoles sentados en el Parlamento y sería absurdo preguntarnos en cada una de las decisiones que hay que tomar. El problema radica en que lo que consideran apropiado no lo es para los ciudadanos, sino para ellos. Porque si el bien que persiguen los políticos fuera el común, el de todos los que les votamos, se apoyarían mutuamente ante una propuesta objetivamente buena. Pero no. Si eres del PP y desde el PSOE se propone algo, se veta. Pero así, porque son “los otros”, y lo mismo ocurre a la inversa, por supuesto.

Así que nosotros, el resto de ciudadanos, no estamos en el punto de mira del bienestar. Si así fuera, los políticos, todos, se pondrían de acuerdo algunas veces, pensando precisamente en nuestro bienestar. Pero que yo recuerde, sólo hay una ocasión en la que todos, sin excepción, consideran apropiado aprobar por unanimidad una propuesta. La que precisamente necesitaría la aprobación de todos los españoles. La que sí tiene como objetivo su bienestar, sin hipocresías de que lo hacen por el resto de ciudadanos. La que no entiendo ni deberíamos consentir “los demás” ciudadanos, porque los políticos sólo cumplen con el trabajo encomendado, como el resto de españoles: La de subirse el sueldo y asegurarse la pensión máxima, que yo la quisiera para mis padres, y para todos los jubilados y jubiladas que se han partido los cuernos mucho más allá de cuatro años.

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