Echar de menos
Una de las principales características del expatriado es que siempre echa de menos. Algo, alguien. Un amigo, una madre, un olor, un sabor, un cuerpo... Una vez sales del minúsculo universo de tu ciudad, duermes otras camas, bebes otras aguas y conoces otras personas, estás condenado a echar de menos. Ya nunca más todo "lo tuyo" se encontrará en el mismo espacio ni al mismo tiempo. "Lo tuyo" se amplía, dolorosa y dulcemente; se hace tan grande como intensos se vuelven la nostalgia, la memoria y el recuerdo.
Lo más curioso es que yo, cuando no había salido aún de mi pequeño universo, también echaba de menos...echar de menos.
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