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Mariácora

Vino

Vino

Tomar un vino, sin caer en excesos ceremoniosos ni fastos pomposos, no es cualquier cosa. No es abrir una botella, verter el vino y tragarlo sin más. Es un placer que se disfruta y se recorre como si fuera un buen recuerdo. Dejando aparte el hecho de si uno logra o no distinguir el tipo de uva, y ya no digo nada de la añada (¡!), sí se trata de encontrar el gusto propio, un sabor que te envuelve, o no. Que activa tus papilas gustativas, que te ayuda a rememorar un momento, o una persona. O nada, simplemente disfrutas el sorbo, el sabor, el olor.  

Ir a una bodega y buscar entre etiquetas, DO y nombres... Tipos de uva, nostalgias o recomendaciones. O preferencias e, incluso, afinidades...Es casi como un preludio amoroso. Esperado y, en ocasiones, hasta innecesario. Prefiero esos pasillos, silenciosos y elegantes, a los bulliciosos y coloridos de las tiendas de ropa. 

Beber vino. Puestos a comparar, puede ser como el sexo. Una buena actividad para practicar en solitario, que se disfruta más en compañía.

Salud!

1 comentario

RO TOBILLO -

Y que vengan buenas viñas y buenos vinos.excelente